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Revista Sudestada N 118 Curas y revolucin
$ 4.500  
Autor: Colectivo Sudestada


Editorial:SudestadaIdioma:EspaolPáginas:62Año edición:2013Dimensiones:20.00 x 28.00 cm
 

1.De vez en cuando, el sacerdote tiene que salir del barrio para rendirle cuentas al poder eclesistico o para recibir un escarmiento siempre piadoso. El olor a incienzo, a lustre de bronce y a pastillas antipolilla le repugnan. El silencio solemne de las catedrales le duele. Cuando vuelve a su barrio ya respira, pero no puede dejar de sentir culpa. El regreso por la calle de tierra es su va crucis inverso. Se acerca Orlandito como siempre para aferrarse del saco del cura. Se siente bien ese contacto. Es oxgeno para su alma confundida. La capilla huele a guiso y a leche cuajada. Apoya su mano en las paredes hmedas, esas que levantaron cientos de manos en la villa. Cuando Orlandito le habla se acuerda que todava lo tiene pegado. "And volando para tu casa!". Abre la puerta del stano y siente miedo, pero no retrocede. Con la nica luz que se filtra por las rendijas de la puerta, revuelve su bolso y saca un candelabro dorado que apoya en una pila de objetos. En el rincn, late como nunca ese bal que trajeron los muchachos.

2. Pocas veces se dimensiona la importancia que tuvo la Teologa de la Liberacin y su implementacin orgnica a travs del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) -aunque excedi sus fronteras- en las luchas revolucionarias de nuestro pas. La corriente renovadora de la Iglesia vena de Europa. En los aos sesenta, el Concilio Vaticano II, inaugurado por Juan XXIII y concluido por Pablo VI, sepult los cimientos de la Iglesia Medieval y le abri las puertas a una teologa de cara al pueblo.

Los sacerdotes ya no tenan que dar la misa en latn y de espaldas. El cura se integr al pueblo, se hizo obrero, villero, campesino, explotado y, por supuesto, reprimido. Los 500 curas que integraron el movimiento tercermundista en la Argentina legitimaron la violencia popular, abrazaron al peronismo de base, organizaron las villas, los sindicatos y las Ligas Agrarias. Si bien como movimiento no asumieron la lucha armada en sus manos, fueron un eslabn fundamental para su aceptacin popular. Sus capillas escondan arsenales, sus homilas recordaban a los muertos en combate y de sus altares colgaban banderas que decan "huelga" o "libertad a los presos polticos". Todos los sacerdotes tercermundistas arriesgaron de una manera u otra su vida por el pueblo humilde y trabajador. Su palabra y su referencia social significaban lo mismo o ms que un fusil.

Entre ellos hubo quienes se comprometieron con alguna organizacin poltico-militar. Fueron los menos. Emularon al Jess violento (el que pele contra los mercaderes del templo) liderando una accin directa, una pueblada o una operacin armada; se ubicaron al frente de la columna, protegieron con su manto sagrado al poblador indefenso y al compaero combatiente, se hicieron cargo de una misin ("divina") histrica, aceptaron el martirio del apstol y demolieron con una nueva conciencia el miedo al dolor. La paz de su mirada sacerdotal esconda el fuego de la espada juda.

Segn el investigador Jos Pablo Martn, se pueden distinguir varios niveles en referencia con la relacin del MSTM con la lucha armada: "Hubo, sin embargo, una relacin con la organizacin de la guerrilla en varios sentidos. En primer lugar, por la participacin de algunos de sus miembros como cuadros de las fuerzas irregulares, en un nmero que puede oscilar entre diez y quince personas. En estos casos, la relacin con el grupo de sacerdotes tercermundistas poda mostrar diversos aspectos. En algunos casos, sus compaeros ignoraron la pertenencia a cuadros de guerrilla durante largos perodos; en otros casos, se conoca esta militancia pero no se la consideraba asumida ni aprobada por el grupo; en casos limitados, esta actividad era aceptada tcitamente por el grupo del movimiento. Otro grupo de STM, que puede oscilar entre 25 y 30, tena contactos con guerrilleros en los lugares que frecuentaban, como universidades, villas, barrios, las mismas estructuras oficiales del partido justicialista, etctera. Pero en estos casos no haba apoyo a la accin ilegal, sino encuentros en alguna actividad poltica. Tiene acierto un dato atribuido a los servicios de informaciones de las fuerzas armadas que llega a manos de los STM durante 1971, en el que los militares calculan un 5 por ciento de 'subversivos' entre los STM, que estaban comprometidos de alguna manera con hechos de violencia. Tal aserto es confirmado por un reciente estudio, que ubica en un 2 por ciento a los STM que pertenecieron a los cuadros de la subversin; y estima en un 3 por ciento a los STM que tuvieron algn contacto operacional con guerrilleros. Aquel informe de inteligencia militar, de resultar autntico, sera una prueba excelente para afirmar que los militares tenan un conocimiento muy afinado y preciso del estado de la situacin".

La sotana pareca una proteccin ante la represin, pero en realidad fue todo lo contrario. Los que dejaron los hbitos pudieron mantener cierta seguridad en la clandestinidad. Los sacerdotes, en cambio, permanecieron expuestos: seguan dando misa, firmaban documentos, se entrevistaban con los obispos, encabezaban una manifestacin, atendan a la prensa. En ese sentido, Martn seala: "En 1973, Montoneros recomienda a grupos de STM imitarlos en su paso a la clandestinidad. Ningn grupo del movimiento lo acepta. Sin embargo, algunos miembros, que estn en la guerrilla, toman cada vez ms precauciones y se apartan incluso de sus mismos compaeros sacerdotes".

Si bien el MSTM se constituy como una "para-iglesia" desde la ruptura con la jerarqua eclesistica, a partir de la decisin de sacerdotes "de base", algunos obispos tambin siguieron el mismo camino. Dos de ellos, Enrique Angelelli en La Rioja y Carlos Horacio Ponce de Len en San Nicols, dieron la vida por sus compaeros. Otros sirvieron de apoyo incondicional en los momentos duros de la represin, como Alberto Pascual Devoto en Goya (quien abandon la casa episcopal para vivir en una choza junto al ro), Jernimo Podest en Avellaneda, Antonio Brasca en Rafaela, Vicente Zazpe en Santa Fe, Jaime De Nevares en Neuqun (quien dej la Catedral sin terminar y don los recursos a comedores infantiles), Germiniano Esorto en Baha Blanca y Juan Jos Iriarte en Chaco. Otros se fueron dando vuelta, como Quarracino y Di Stfano.

La Jerarqua de la Iglesia argentina, que mantena una mentalidad medieval, se transform en el brazo moral de las Fuerzas Armadas. El arzobispo de Buenos Aires, Antonio Caggiano, y su coadjutor Juan Carlos Aramburu constituyeron un bloque antimarxista que bendijo la Doctrina de Seguridad Nacional. As invoc el obispo Victorio Bonamin al dios castrense: "Bendceles sus sables, instrumentos de su misin" (La Nacin, 11/05/76). Como en los tiempos del cristianismo primitivo, en las comunidades de base estaba el pueblo y en la alta jerarqua de la Iglesia, el poder dominante.

Mientras tanto, las organizaciones armadas le pedan al MSTM mayor compromiso: "Las acciones de enfrentamiento aisladas o exclusivamente conectadas a lo eclesistico, aunque positivas, pierden en gran parte su eficacia de cambio al estar desconectadas de un plan coherente hecho dentro de las fuerzas revolucionarias del peronismo. Hay que planificar con los grupos peronistas militantes una accin conjunta cuya estrategia llegue a contemplar un progresivo acrecentamiento del proceso revolucionario" (Carta de las FAP a los Sacerdotes para el Tercer Mundo, desde la crcel, 1969).

Financia
Consejo Nacional de la Cultura y las Artes
Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Fondo de Fomento de la Música Nacional. Convocatoria 2012.

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